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ILD: Pia Beck the lesbian pianist who was a warrior for LGTBI rights under Franco

Marga Samsonowski and Pia Beck

Her son argues that the story of his two mothers is, above all, a love story: “Pia told me: ‘It took me just an instant to fall in love with your mother'”. A love story postponed by the passage of time and political laziness, but which brings together all the ingredients of the great passions that end up taking over books and screens. Pia Beck , considered by many to be the best jazz pianist of the 20th century, and Marga Samsonowski , lived their romance without hiding in the times of grayer Spain and turned their exclusive club, The Blue Note, into a haven of freedom and respect for diversity on the Costa del Sol.

The story of the two women who, without intending to, became icons of the LGBT community, is today little more than a footnote in the Malaga town. Gino acknowledges that “it hurts and saddens him” to see how her legacy has not resulted in the recognition she deserved as a star who in each of the thousands of interviews she gave throughout her life prooted the charms of the Costa del Sol: “They are two icons and what they did is enormous. If this were the United States they would have already made a movie about them. ”

Recent graffiti in homage to Pia is the only trace there exists of them. Jorge Pérez, president of the Pasaje Begoña Association , which tries to return part of the lost splendor to the location and recall its past as the cradle of LGTB rights, demands justice: “We do not want to die without her being recognised in Torremolinos: a street, a statue, something… ”. This neglect may be about to change, since Pérez confirms that a production company (WinWin) is preparing a story about the alley that gave colour to the darkest times. “And we have already asked that Pia Beck be one of the protagonists,” he reveals.

The pianist shared the archetypal dream of any self-respecting jazz musician: opening her own club. The Blue Note opened its doors in 1965 and very soon became a meeting place for the most exclusive national and international clientele, attracted by the fame of its owner. “At that time I was a child and they only let me stay for a few hours. I remember, for example, that Arthur Rubinstein was one of the regulars and that he was encouraged, on many occasions, to give small improvised recitals ” , evokes Gino. Names like Fred Astaire, Nat King Cole, Shirley MacLaine or Ginger Rogers appear on his family photo album. “Pia is the artist, I am not,” argued Marga, who bet on being in the background and avoiding media appearances to protect her family.

Although they never faced any episode of hatred from neighbours, until 1978 homosexuality was criminalised in Spain. Why did the Franco regime allow two lesbians to live as a couple with total normality and be the visible face of one of the most famous places in the country? “Pia was a great ambassador, she promoted the Costa del Sol a lot and attracted thousands of tourists. Furthermore, she was Dutch and he wanted to avoid a diplomatic confrontation, ”Juan Carlos Parrilla, vice president of the Association Pasaje Begoña, explains to this magazine that if they had been Spanish the situation would have been radically different.

The normality with which their relationship was seen meant that, without being a gay bar, the gays and lesbians of the time found in The Blue Note a place where they could enjoy the night with total freedom. “They, without knowing it, were an icon for the lesbian women’s community at a time when women were invisible and repressed in a patriarchal society,” added Parrilla. Despite the fact that her son assures that his mothers were never aware of the importance that their common life had for the group and that they did not have labels, Pia starred in the seventies in a famous episode in defence of the rights of homosexuals. The pianist faced the famous ultra-conservative activist Anita Bryant and she promoted a concert to defray the cost of an advertisement on the pages of The New York Times against Bryant’s anti-homosexual speech.

(Translated)

Su hijo defiende que la de sus dos madres es, ante todo, una historia de amor: “Pia me decía: ‘Tardé solo un instante en enamorarme de tu madre’”. Una historia de amor postergada por el paso del tiempo y la desidia política, pero que reúne todos los ingredientes de las grandes pasiones que acaban copando libros y pantallas. Pia Beck, considerada por muchos como la mejor pianista de jazz del siglo XX, y Marga Samsonowski, vivieron su romance sin ocultarse en los tiempos de la España más gris y convirtieron su exclusivo club, The Blue Note, en un reducto de libertad y respeto a la diversidad en la Costa del Sol.

La historia de las dos mujeres que, sin pretenderlo, se erigieron en iconos de la comunidad LGTB, es hoy poco más que una nota a pie de página en la localidad malagueña. Gino reconoce que “le duele y entristece” ver cómo su legado no ha obtenido el reconocimiento merecido por una estrella que en cada una de las miles de entrevistas que concedió a lo largo de su vida divulgó los encantos de la Costa del Sol: “Son dos iconos y es enorme lo que consiguieron. Si esto fuera Estados Unidos ya les habrían hecho una película”.

Un reciente grafitti en homenaje a Pia es el único rastro que hay de ellas. Jorge Pérez, presidente de la Asociación Pasaje Begoña, que trata de devolver parte del esplendor perdido a la localización y rememorar su pasado como cuna de los derechos LGTB+, reclama justicia: “No nos queremos morir sin que ella tenga algún reconocimiento en Torremolinos: una calle, una estatua, algo…”. Una postergación que quizá esté a punto de cambiar, ya que Pérez confirma que una productora (WinWin) está preparando una ficción sobre el callejón que dotó de color los tiempos más oscuros. “Y ya hemos pedido que Pia Beck sea una de las protagonistas”, revela.

La pianista compartía el sueño arquetípico de cualquier músico de jazz que se precie: inaugurar su propio club. The Blue Note abrió sus puertas en 1965 y muy pronto se convirtió en lugar de encuentro de la clientela nacional e internacional más exclusiva, atraída por la fama de su dueña. “Por aquel entonces yo era un niño y solo me dejaban estar durante unas horas. Recuerdo, por ejemplo, que Arthur Rubinstein era uno de los clientes habituales y que se animaba, en muchas ocasiones, a dar pequeños recitales improvisados”, evoca Gino. En su álbum fotográfico familiar aparecen nombres como los de Fred Astaire, Nat King Cole, Shirley MacLaine o Ginger Rogers. “Pia es la artista, yo no”, argumentaba Marga, que apostó por quedar en un segundo plano y evitar apariciones en los medios para proteger a su familia.

Aunque jamás se enfrentaron a ningún episodio de odio por parte de los vecinos, hasta 1978 la homosexualidad fue tipificada como delito en España. ¿Por qué el régimen franquista permitió entonces que dos lesbianas hicieran vida en pareja con total normalidad y fueran la cara visible de uno de los locales más célebres del país? “Pia era una gran embajadora, hizo mucha promoción de la Costa del Sol y atrajo a miles de turistas. Además, era holandesa y se quería evitar un enfrentamiento de carácter diplomático”, explica a esta revista el vicepresidente de la Asociación Pasaje Begoña, Juan Carlos Parrilla, que considera que si hubieran sido españolas la situación habría sido radicalmente diferente.

La normalidad con la que se veía su relación provocó que, sin ser un bar de ambiente, los gays y lesbianas de la época encontraran en The Blue Note un rincón en el que podían disfrutar de la noche con total libertad. “Ellas, sin saberlo, fueron un referente para el colectivo de mujeres lesbianas en una época en la que la mujer era un ser invisible y reprimido en una sociedad patriarcal”, añade Parrilla. A pesar de que su hijo asegura que sus madres jamás fueron conscientes de la importancia que su vida en común tuvo para el colectivo y que prescindían de etiquetas, Pia protagonizó en la década de los setenta un sonado episodio en defensa de los derechos de los homosexuales. La pianista se enfrentó a la célebre activista ultraconservadora Anita Bryant y promovió un concierto con el que sufragar los gastos de un anuncio en las páginas de The New York Times contra el discurso antihomosexual de Bryant.
(Original)

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